En el rostro, la pérdida de firmeza se manifiesta de la siguiente forma: los párpados descienden, las comisuras se acentúan, aparecen las líneas de marioneta o de amargor, y se evidencian ondulaciones a lo largo de la mandíbula y del cuello, es decir, la cara se “descuelga” y se muestra envejecida.
En el resto del cuerpo se observan, a partir de cierta edad, arrugas y pliegues por encima de la rodilla, brazos y cara interna de las piernas, y pliegues acentuados en la parte lateral de la espalda. Esta característica depende de la salud del tejido conectivo de la piel formado por colágeno y elastina y que constituyen las principales proteínas estructurales de la piel.
Con la edad (envejecimiento intrínseco o natural) y con la exposición solar (envejecimiento extrínseco) se ralentiza la producción de colágeno y se acelera su destrucción.
Durante el envejecimiento se producen una serie de reacciones químicas, una de las más importantes es la denominada glicación, responsable del entrecruzamiento de las proteínas haciendo que las características biológicas de las mismas cambien.
Aumenta la degradación de colágeno tipo I y III de la piel, y se disminuye su síntesis o fabricación, predominando el tipo III sobre el tipo I, haciendo también que las características de la piel cambien y adopten esa forma y textura envejecida.
Asimismo, el sedentarismo y la pérdida de peso en poco tiempo pasan factura a nuestro cuerpo con signos evidentes de falta de firmeza de nuestra piel.
El “BARRO VERDE” debe su coloración al óxido de hierro ferroso y de magnesio. Contiene grandes cantidades de oligoelementos, los cuales van a variar dependiendo de la procedencia que esta arcilla tenga. Además de todo esto tiene una gran cantidad de silicio, potasio, cal, fosfatos y muchos otros minerales que la hacen tan curativa.
Gracias a ello, tiene numerosas aplicaciones terapéuticas en la piel gracias a sus propiedades desinfectantes, desintoxicantes, depurativas y calmantes. Está especialmente recomendada para pieles grasas porque la arcilla verde tiene una mayor capacidad para absorber impurezas de la piel y para desinfectar.
Además, depura las capas más profundas de la piel, estimula la limpieza linfática, además de estimular el crecimiento celular de la epidermis.
Por si fuera poco, absorbe las toxinas de la piel, evitando así la proliferación de los microbios, su uso está muy recomendado en pieles muy grasas, con puntos negros y brotes de acné.
Además, suaviza la piel, refinando su textura, por lo que tiene un efecto detox y purificante, además de devolverle firmeza a la piel cuando la ha perdido.
(Fuente: https://www.vidanaturalia.com/arcilla-verde-usos-de-la-arcilla-verde-en-la-piel/)
CREMA DE CONCHA NáCAR
ACEITE DE TEPEZCOHUITE (Mimosa tenuiflora)
ACEITE DE ROSA MOSQUETA (Rosa eglanteria L.)
ACEITE DE GERMEN DE TRIGO (Triticum aestivum L.)
ACEITE DE CACAHUANANCHE (Licania arborea Seem.)
ACEITE DE VERBENA (Verbena officinalis L.)
ACEITE DE ROMERO (Rosmarinus officinalis L.)
ACEITE DE ROBLE (Quercus robur L.)
ACEITE DE JUREMA (Mimosa hostillis)
ACEITE DE ARRAYáN
(Blepharocalyx tweediei (Hook. & Arn.) Berg 1856)
ACEITE DE LINAZA (Linum usitatissimum L.)
ACEITE DE ALMENDRA (Prunus dulcis)
HIDRóXIDO DE SODIO